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El Infierno (y V)

El Infierno según Sor Lucía, pastorcilla de Fátima

   Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra.

   Sumergido en el fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas que fluctuaban transparentes y negras y bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos lados, parecidas al caer de las pavesas, en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor.

  Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes negros.

Esta visión fue durante un momento, y gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo. ¡De no haber sido así, creo que hubiésemos de muerto de susto y de pavor!

  Inmediatamente, levantamos los ojos a Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza: – Visteis el infierno a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo, la devoción a mi Inmaculado Corazón. “

  Infierno fatFue enorme la impresión que causó en los pastorcillos de Fátima esta visión. Decía Sor Lucía: “Jacinta tomó la misión de hacer sacrificios por la conversión de los pecadores tan seriamente en su corazón, que nunca permitió que se le escapara una sola oportunidad… la sed de Jacinta por hacer sacrificios parecía insaciable.”

   Con una delicada sensibilidad, Jacinta quedó llena de pena por esas pobres almas caídas en la perdición. “Con frecuencia se sentaba en el suelo o en alguna piedra y, pensativa, comenzaba a decir: “¡El infierno, el infierno!”

   Acostumbraba retirarse, y permanecía mucho tiempo, de rodillas, rezando por aquellos que se encontrasen en mayor peligro de condenación. Llamaba a Lucía y a Francisco y les preguntaba:

   “¿Estáis rezando conmigo?”, y añadía “es necesario rezar mucho para librar las almas del infierno…¡qué pena tengo de los pecadores! ¡si yo pudiese mostrarles el infierno!”

  Y le decía a Lucía: “Yo voy al cielo, pero tú que quedas aquí, si te permite nuestra Señora, dí a la gente cómo es el infierno para que no cometan más pecados y no vayan para allá.”

  “Haced penitencia por los pecadores! Muchos van al infierno porque nadie reza y se sacrifica por ellos.” – Tales palabras de la Virgen encontraron   profunda resonancia en Jacinta. ¡Y con que inquebrantable voluntad ella hacía penitencia! Aquí van mencionados algunos ejemplos de esta joven y ya gran santa. Ella no vacilaba en ayunar, frecuentemente, un día entero sin comer o beber nada, dando alegremente su pan a los chicos pobres. Otros días, comía solamente aquello que más detestaba. Utilizaba  como penitencia una gruesa cuerda en torno a la cintura. ¡Nada, ningún sacrificio le parecía demasiado grande, tratándose de la salvación de las almas!

  Como hemos podido ver son terribles los sufrimientos que esperan por toda la Eternidad a quienes no aman a Dios, se apartan de El y no cumplen sus mandamientos despreciando la Misericordia Divina. Decíamos antes, que se ha perdido completamente en nuestra sociedad el miedo al pecado y pienso que en gran parte se debe al olvido de esta tremenda realidad en predicaciones, charlas y catequesis. No se habla del Infierno porque se piensa que a la gente no le gusta oir estas cosas, sin tener en cuenta la gravísima responsabilidad en que se incurre por no advertir de su existencia.

  Quisiera contribuir desde este blog a llamar la atención de sacerdotes, educadores, catequistas y todos aquellos que ejercen de una manera u otra el apostolado para que adviertan de la realidad de la existencia de este terrible lugar y estado, y de ésta forma se evite la caida en él de muchas almas que todavía pueden salvarse.

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